Noticia de la Semana Noticias — 22 noviembre 2016 — IMPRIMIR
Grandes recogidas: hacer negocio con la buena voluntad

RecogidaAlimentosNo es fácil conseguir que 2.500 personas en Valladolid (ó 25.000 en Cataluña, por poner otro ejemplo) estén dispuestas a permanecer las horas punta de un fin de semana en las puertas de los supermercados convenciendo a los clientes para que compren más, que lo hagan sin cobrar, y envuelto con nobles sentimientos como la compasión y el altruismo.Generando una campaña de publicidad viral insuperable para un anuncio convencional. Todos estos elementos juntos podrían ser el sueño de cualquier director de marketing.

Pues esto es lo que los Bancos de Alimentos logran cada año en un fin de semana previo a las Navidades. El agradecimiento de las grandes cadenas minoristas al trabajo realizado por el Banco de Alimentos es tal que les gratifica con donaciones extra que además de constituir una publicidad “ética y solidaria”, pueden desgravar fiscalmente.(1)

Y tal es el impacto que provoca que muchos distribuidores mostraron el año pasado su tristeza por quedarse fuera… ¡del negocio!.

Lógica de campaña

Estas campañas de recogida de alimentos están organizadas desde una lógica asistencialista, que lleva a buscar el gesto puntual para la solución inmediata de las necesidades urgentes de los destinatarios, pero no invita a preguntarse por las causas de dichas carencias.

Esto lleva a donantes y voluntarios a desarrollar una actitud paternalista, que tranquiliza la conciencia pero no cuestiona el propio estilo de vida ni propone soluciones más allá del corto plazo. Aceptar una realidad injusta supone, de hecho, consolidarla. Es “pan para hoy y hambre para mañana”.

Y esta lógica,según numerosos estudios, provoca en los destinatarios sentimientos de vergüenza, culpabilidad, desmotivación, pasividad y en muchos casos una cronificación de la situación.

Por otra parte, la forma de adquirir esos bienes también tiene su repercusión: se suelen adquirirproductos de bajos precios (para que cunda más la aportación), en establecimientos de grandes distribuidores (donde se hace campaña y hay voluntarios), y generalmente de grandes multinacionales de la alimentación.

Con ello se incrementa el negocio para la gran distribución, que paradójicamente es uno de los actores que, directa o indirectamente, más alimentos despilfarra. Y comprar los productos más baratos supone respaldar las políticas de hundimientos de precios que ahogan a los productores, generando más pobreza y paro. Dos grandes contradicciones para un acto que se pretende solidario.

En fin, se contribuye a que algunos hagan negocio aprovechando la -indudable- buena voluntad de la gente.

Qué se puede hacer

A pesar de la crítica expuesta, no podemos entender que eso signifique desentenderse del auxilio necesario y urgente de las necesidades básicas (alimento, vivienda, energía, trabajo) de los afectados por la pobreza en nuestro país. Pero sí entendemos que estos actos puntuales deben acompañarse con otras acciones, como las siguientes.

  • Cambiar la actitud en la ayuda.

Algo se hace mal cuando cada año hay que superar el récord de recogida de la campaña anterior. Los problemas que no se resuelven, se cronifican y aumentan.

Estas campañas deben servir para encauzar una respuesta urgente, pero deben cambiar la vida de los que se implican en ella, donantes y voluntarios, para que sea cada vez más una respuesta desde la solidaridad: analizar nuestro modo de vida consumista, la forma en que compramos, el desperdicio de alimentos que provocamos; preguntarnos en cómo respondemos ante la necesidad y fijarnos en sus causas, actuar en consecuencia, de modo permanente y comprometido.

Y si se decide colaborar en estas campañas, cuidar la forma en que lo hacemos. Comprar productos y establecimientos locales, que generan y distribuyen más equitativamente riqueza y trabajo, contribuyendo directamente a combatir pobreza y carencias.

  • Promover el protagonismo de los beneficiarios

Es necesario promover una cultura que facilite que sean los empobrecidos los que protagonicen su respuesta, construyendo soluciones a sus problemas, a través de entidades autogestionadas, no asistencialistas, que creen red.
En ese sentido creemos que se deben revisar las políticas de los Bancos de Alimentos.

  • Denunciar las causas. Acción política.

La alimentación, como la vivienda, la educación, la sanidad o el trabajo son derechos básicos y por tanto deben ser exigidos a la sociedad y a quien la gobierna. Debemos ser conscientes de que la pobreza que lleva a la necesidad de pedir alimento, es causado, no por una fatalidad del destino, sino como resultado del modelo económico que genera cada vez más desigualdad.Tiene causas de voluntad, causas políticas. Y así deben ser las respuestas.

¿Qué pasaría si todos esos voluntarios y los donantes, implicados en las recogidas, fueran conscientes de las causas y se manifestaran exigiendo justicia en lugar de caridad? ¿Imaginamos lo que se podría hacer con esa enorme capacidad de movilización social?

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Los problemas deben enfocarse desde este análisis de las causas, desde la formación e información. Partiendo desde la concienciación para llegar al compromiso con propuestas a medio y largo plazo.


(1)   Los dos primeros párrafos están extraídos, adaptados y actualizados, del libro “Alimentos desperdiciados”, de Xavier Montagut y Jordi Gascón.

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