Hablan los militantes Noticias — 22 mayo 2017 — IMPRIMIR
Vientres de alquiler: nuevo proxenetismo contra la dignidad de la mujer y el hijo

AlquilerEn pleno S.XXI un contrato legaliza la esclavitud y tráfico de mujeres y bebés, desde el vientre materno. Los proxenetas son las empresas que se lucran de este negocio y se quedan con el 75-90% del dinero que cuesta alquilar un útero (40.000 – 120.000 €). Son responsables también los padres contratantes que recibirán el hijo gestado por otra mujer, los estados que han legalizado o consentido esta práctica, y toda la sociedad que mira hacia otro lado.

Da igual que la mujer que gesta, mayoritariamente empobrecida, acceda a ello bajo la coacción de sus injustas condiciones de vida, la recluyan en un local y separen de su familia para ser vigiladas por los mercaderes de bebés.

“Soy una criada, gano 13 dólares al mes. Mi esposo trabaja en una construcción. Gana 2-3 dólares al día” (Madre de alquiler en la India)

Da igual que en la madre gestante el hijo deje una dolorosa huella indeleble, demostrada hasta científicamente e independientemente de la “libertad o altruismo” con la que se firme el contrato que legitima que unos terceros se apropien del hijo que lleva en su vientre. También su pareja y su familia sufren. Incluso se pone en riesgo su salud física, tanto si se usa su propio óvulo (síndrome de hiperestimulación ovárica, torsión ovárica, quistes ováricos, dolor pélvico crónico, menopausia prematura, pérdida de fertilidad, cánceres reproductivos…) como si se queda embarazada de óvulos de otra mujer, corriendo mayor riesgo de preeclampsia

Da igual que el hijo “contratado” sufra una herida por la separación de la madre que le ha gestado, con la que establece lazos (también científicamente probados) y espera encontrarse al nacer, que le puede afectar negativamente en su posterior desarrollo psicológico y afectivo. Da igual que el niño no pueda conocer su identidad, o no sea gestado por amor. O sea seleccionado o destruido si no es implantado, o usado para hacer cremas rejuvenecedoras, como cualquier objeto de un sistema productivo.

“¿Qué huella quedará en estos bebés que ni siquiera podrán saber quién fue la mujer que les gestó? ¿Cómo será crecer con esa ausencia de madre?, ¿y la falta de cuerpo a cuerpo con la madre? ¿El derecho a ser madre o padre puede estar por encima del derecho a la propia identidad? Para mí está claro que no”. (Ibone Olza. Investigadora y psiquiatra infantil especialista en etapa perinatal)

Da igual que nuestro Código Civil y Constitución, sentencias de la UE o los mismos derechos humanos, protejan la maternidad y la infancia, o digan que el ser humano no puede ser objeto de negocio o transacción contractual, o que en la mayoría de países europeos esté prohibido.

A España llegan alrededor de 1000 niños gestados por vientres de alquiler anualmente. Sólo del Reino Unido acuden a la India con éste propósito unas 12.000 personas al año. El negocio de la mercantilización del cuerpo de la mujer, dejó (en 2014) en la India unos 690 millones de dólares.

Da igual incluso que este negocio esté unido a redes de prostitución y tráfico de menores. Centenares de casos implican tráfico de personas en todo el mundo.

En Nigeria la policía rescató de una casa a 32 niñas embarazadas, de entre 15 y 17 años de edad para vender a sus bebés. En Vietnam se desmanteló una red de venta de bebés, en la que se liberó a 21 jóvenes vietnamitas secuestradas bajo el engaño de una oferta de trabajo, para utilizarlas como madres gestantes.

Da igual con tal de satisfacer el deseo de unos de ser padres y aumentar las beneficios de unas empresas que, ávidas de ganancias, han abierto otro mercado, el del “oro líquido”, la leche materna. Los contratantes compran la leche fruto de la explotación de madres recién paridas, por una miserable paga y a costa nuevamente de su salud y el hambre de sus hijos recién nacidos.

En el S.XIX, los esclavistas miraban la dentición del esclavo en los mercados de esclavos para asegurar su buena capacidad física/laboral. Ahora se mira la calidad de la mujer gestante con un sinfín de pruebas médicas y requisitos para garantizar la calidad del “óvulo” (si es la propia donante) y/o de su vientre (su estado de salud para acoger la vida que se desarrollará en ella). También la calidad del “producto-hijo” se estudia a través de test de DNA para satisfacer los deseos de la parte contratante, que en algunos casos se ha desentendido de él porque ha nacido con síndrome de Down (incluso obligan por contrato a la madre a abortar) o simplemente porque el sexo no era el esperado.

“A las familias que esperan un niño con trisomía 21 les quiero decir que van a tener una perla entre las perlas, un regalo que les va a hacer ver las cosas de manera distintas y vivir el amor con una A mayúscula” Pattaramon Chanbua fue contratada como madre de alquiler por una pareja australiana. Embarazada de mellizos, cuando a uno de ellos le detectaron T21, fue presionada para que acabara con su vida. Finalmente, cuando dio a luz, la pareja se llevó a Australia a la niña que había nacido sana y abandonó al niño con Síndrome de Down que Chanbua decidió criar y cuidar.

Con esta práctica es mucho lo que se prostituye:

Se prostituye el mismo concepto de persona, rebajando su dignidad. Las mujeres y los niños son convertidos en producto comercial, de usar y tirar, propiedad de quien contrata (también en la modalidad altruista) y paga. El ser humano tratado como objeto de producción, propiedad y consumo, para satisfacer los deseos de otros.

Se prostituye la fertilidad y la maternidad y paternidad. Considerando al hijo como un derecho que debe ser satisfecho y garantizado, hasta por encima de las necesidades y derechos del hijo. Considerando el embarazo como una técnica o un mero proceso físico, obviando que implica a todas la dimensiones de la persona (también la dimensión psicológica, espiritual y sociopolítica) y que es un maravilloso proceso en que madre e hijo entran en un diálogo o comunión (que es hasta molecular y genético), que conlleva amor en su esencia y que deja una impronta en ambos. En la mujer gestante se fractura su persona por la escisión que supone gestar a un hijo al que está obligada a abandonar, debiendo contradecir el impulso de donación e intimidad que naturalmente se establece entre una madre y su hijo.

“Comercializar la fertilidad, convertirlo en producto, hace que la persona sea producto, lo vean o no los padres que lo contratan” (Julien Bindel, feminista reconocida internacionalmente)

Nadie tiene derecho a un niño, ya sea heterosexual, homosexual o soltero (Manifiesto de la plataforma internacional Stop Subrogacy Now, integrada por múltiples asociaciones feministas y algunas de homosexuales)

Se prostituye el concepto de libertad, haciendo de ella una cuestión individual, sin dimensiones sociales, que se funda en el derecho a decidir, comprar o vender cualquier cosa (¡y personas!).

Se prostituyen los derechos, asimilándolos a cualquier deseo. Los derechos de unos, al margen de los deberes de las personas, se pueden ejercer contra los derechos de los demás. Los derechos que sólo existen mediante precio son, en realidad, privilegios.

Se prostituyen las relaciones humanas. Importas en la medida que haces funcionar la maquinaria del negocio de unos y el deseo de otros, o que cumplen con los estándares de calidad. Una vez que el procedimiento jurídico ha terminado y el contrato concluye, la pareja contratante desaparece y la madre de alquiler se convierte en un elemento innecesario, molesto y amortizado, en términos de mercado, y siente todo el peso de la explotación y de la separación del bebé.

Se prostituye el concepto de política y de sociedad. Así lo resume Julie Bindel una de las más reconocidas feministas a nivel mundial: “Si legalizas los vientres de alquiler, das el mensaje a las nuevas generaciones de que los cuerpos son algo para comprar o alquilar. Las nuevas generaciones pensarán que el cuerpo de la mujer no solo sirve para vender, sino que el cuerpo mismo se puede vender”.

Se prostituye el concepto de justicia y solidaridad, presentando este negocio como un servicio que viene a solventar el dolor de unos padres infértiles y paliar la miseria de otros. No podemos disfrazar de altruismo y solidaridad lo que es una mercantilización.

“Si de verdad quieren combatir la pobreza y ayudar a esas familias, denles un trabajo, unas becas para estudiar, comida, etc…” “La industria del vientre de alquiler miente como los proxenetas que nos dicen que sus prostitutas son felices, o aquellas tabacaleras que decían que el tabaco no tenía efectos cancerígenos”. Hablar de “maternidad subrogada” es como llamar a una violación en un burdel una “ruptura de contrato” o llamar “trabajadora del sexo” a la prostituta o esclava sexual. “El lenguaje es clave, aquí hablamos de tráfico de úteros. En la industria llaman a la gestante ‘la subrogada’: no tiene nombre, no tiene identidad… es un recipiente para lograr el bebé sonriente”. (Julie Bindel)

Ciudadanos está impulsando en el parlamento una propuesta legislativa para legalizar la modalidad altruista, que goza con el apoyo de sectores del PSOE y Podemos, aunque en la Asamblea de Madrid votaron en contra de una Proposición No de Ley presentada por C´s, instando al gobierno de la Nación a regular los vientres del alquiler. El Partido Popular votó a favor. Exigimos al Gobierno que diga de donde vienen las presiones para que, algo que no tiene consenso social ni jurídico, se esté dialogando y presentando manipuladamente a la opinión pública. Detrás de otras campañas que han presionado para legalizar negocios criminales, como el de la prostitución, han estado las mafias y lobbies que velan por los intereses de los que se lucran con ello.

Acerca de la legalización de la prostitución, Lidia Falcón, fundadora del Partido Feminista de España y una de las impulsoras de la Red Estatal contra el Alquiler de Vientres afirma: “Esta campaña la desencadenó hace 20 o 25 años la mafia de la prostitución. Lo que pretende es disfrutar alegremente de un negocio (el más lucrativo del mundo después del tráfico de armas) que contrata los servicios sexuales de mujeres a unos degenerados”.

En el partido SAIn proponemos la abolición y prohibición internacional de los vientres de alquiler y nos oponemos a cualquier tipo de regulación que la permita en cualquier caso. Esto, además de favorecer una cultura que acepte que el cuerpo de la mujer se pueda comprar o alquilar, deja a la mujer empobrecida más indefensa, ya que no disminuye el negocio/explotación que hay detrás y hace más difícil su persecución.

Hay países con una regulación en su ordenamiento jurídico (Estados Unidos, México, Rusia, Ucrania, Georgia y Kazajistán) que no evita el tráfico de seres humanos. En Estados Unidos, por ejemplo, se desmanteló una red de abogados que había creado un inventario de bebés no nacidos para venderlos por $100.000 utilizando vientres de alquiler. Además en países donde se ha propuesto esta opción, la práctica ausencia de mujeres que acepten gestar altruistamente sigue desplazando a los demandantes hacia países en los que la legalización sí conlleva el pago del “servicio”.

“Cuando la maternidad subrogada “altruista” se legaliza se incrementa también la comercial. Ningún tipo de regulación puede garantizar que no habrá dinero o sobornos implicados en el proceso. Ninguna legalización puede controlar la presión ejercida sobre la mujer gestante y la distinta relación de poder entre compradores y mujeres alquiladas” Lo cierto es que la supuesta “generosidad”, “altruismo” y “consentimiento” de unas pocas solo sirve de parapeto argumentativo para esconder el tráfico de úteros y la compra de bebés estandarizados según precio” (Manifiesto de la Red Estatal contra los Vientres de Alquiler)

Proponer agilizar los trámites de la adopción como solución a los vientres de alquiler, desentendiéndose de las condiciones de vida que empujan a las familias pobres a entregar a sus hijos, es no asumir el dolor de esos padres, otra falsa solidaridad que enfrenta a familias pobres y ricas. Por eso es imprescindible un compromiso en la lucha contra el hambre y la esclavitud que son el caldo de cultivo para facilitar esta mercantilización.

Manuela Contreras García. Matrona y militante del partido SAIn de Cantabria.

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