Noticias — 10 enero 2018 — IMPRIMIR
La esclavitud moderna

Child_Labour_in_Brick_Kilns_of_NepalAsí califican los medios y entidades internacionales a un grupo de modalidades de esclavitud de las que son víctimas millones de seres humanos en todos los puntos cardinales del planeta en pleno siglo XXI.

Más de 45 millones de personas viven hoy en condiciones de “esclavitud moderna”, sirviendo en barcos de pesca debido a una deuda, sometidas a matrimonios forzados, detenidos contra su voluntad como empleados domésticos o atrapadas en burdeles bajo amenazas de violencia.

El Índice Global de Esclavitud 2016, que publica anualmente la organización de ayuda Walk Free Foundation en Australia, define la esclavitud como una “situación de explotación a la que una persona no puede negarse debido a amenazas, violencia, coerción, abuso de poder o engaño”.

Aunque casi todos los países la han declarado ilegal, continúa existiendo y en Asia se encuentra casi el 35% de las víctimas.

De acuerdo con un reporte de la británica BBC News, Grupos de derechos humanos afirman que miles de personas son forzadas a trabajar en barcos de pesca, donde pueden permanecer durante años sin ni siquiera poder ver la costa.

Muchas víctimas aseguran que fueron engañadas por intermediarios que les prometieron empleos en una fábrica y después los llevaron a barcos de pesca donde se les forzó a trabajar. Un birmano que escapó de sus traficantes indicó que lo forzaron a abordar un pequeño barco en mar abierto donde tenía que pescar durante 20 horas al día sin recibir un pago.

“La gente decía que a cualquiera que trataba de escapar le rompían las piernas o las manos, lo lanzaban por la borda o lo mataban”, le dijo a la BBC.

Otra modalidad es el trabajo forzado en fábricas de marihuana y salones de manicure. Las cifras sugieren que podría haber entre 10 000 y 13 000 víctimas de esclavitud en Reino Unido llegadas de varios países de Europa del Este, África y Asia, incluso niños. A muchas víctimas se les dice que se lastimará a sus familias si se escapan.

Una víctima tenía 16 años cuando llegó a Reino Unido esperando ganar dinero para enviar a su familia. En lugar de eso se le forzó a trabajar en una “fábrica” de marihuana, una casa donde se cultivan enormes cantidades de la planta.

“Recuerdo que le pregunté al hombre que me llevó allí si podía irme porque no me gustaba, pero me amenazó con golpearme o matarme de hambre”, afirmó la víctima. El joven fue arrestado cuando la policía allanó la casa donde era sometido, y acusado de delitos vinculados a drogas.

Entretanto la Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que hay unas 4,5 millones de víctimas de explotación sexual forzada en el mundo.

Shandra Woworuntu, activista contra el tráfico humano, fue forzada a la esclavitud sexual en Estados Unidos en 2001. La mujer salió de Indonesia, donde se le prometió trabajar en la industria hotelera en ese país, pero los intermediaros que la recibieron en el aeropuerto la entregaron a traficantes armados que la forzaron a llevar a cabo trabajos sexuales.

“Me dijeron que yo les debía 30.000 dólares y que pagaría la deuda con 100 cada vez que sirviera a un hombre”, explica. Finalmente logró escapar y contribuyó a localizar un burdel donde había otras víctimas de tráfico.

Muchos niños en Europa, Asia, África, América Latina y Medio Oriente son forzados por criminales a pedir limosna en las calles. Una víctima le dijo a investigadores: “Aunque pido limosna no me pagan nada. Tengo que entregarles todo lo que gano. Me privan de alimento y no puedo dormir bien. No me pagan un salario, esto sólo es servidumbre”.

Otra víctima afirma: “No puedo decirles nada porque tengo un miedo constante. Mi empleador me amenazó con no decir nada a nadie o de otra forma me castigaría de forma severa”.

El análisis de la Walk Free Fundation estima que 2,16 millones de personas en los países de América se encuentran en una condición de esclavitud moderna, asociada al comercio y explotación sexual, trabajos forzados en plantaciones de azúcar de caña, tomates, arroz, en granjas, la manufactura, ventas minoristas y en la industria de la construcción.

Otra de las nuevas formas de esclavitud son los “au pair”, personas -en su mayoría, mujeres jóvenes- que viajan a un país distinto al suyo para ayudar a una familia con el cuidado de los hijos. A cambio de esa ayuda, reciben alojamiento, comida y algo de dinero.

Es una práctica extendida en Europa y Estados Unidos. Pero en algunos casos, la falta de una legislación sobre el tema ha llevado a que esta ocupación se convierta en una forma de “esclavitud moderna”, según denuncian algunos expertos.

La palabra “au pair” significa “a la par” o “igual a” y se refiere a que los “au pairs” son tratados como un miembro más de la familia, pero una académica especializada en el empleo de esas personas en Reino Unido denuncia que la forma en que son reclutadas y tratadas parece propia del “Salvaje Oeste”. Además, muchos han denunciado maltratos y abusos laborales que rayan la esclavitud por parte de las familias anfitrionas.

Aunque no hay cifras oficiales, se señala que puede haber cerca de 100 000 “au pair” sólo en Reino Unido, un 75% de las cuales vive en Londres.

Señala el reporte que gran parte de la esclavitud moderna no es visible para el público. Se lleva a cabo en hogares y en granjas privadas.

Sin embargo, a la luz del sol emerge otra tragedia global que es el tráfico de personas del que son víctimas millones de seres humanos en el mundo. La propia BBC reprodujo recientemente el testimonio de un joven africano que intentando llegar a Europa, fue vendido tres veces a traficantes de esclavos.

Harun Ahmed es uno de los miles de jóvenes etíopes que en los últimos años han viajado a través del Sahara hasta Libia, y desde allí a Europa, en busca de una vida mejor. Finalmente llegó a Alemania, pero solo después de sobrevivir tras meses de tortura y hambre a manos de tres traficantes de esclavos que compraban y vendían migrantes como si fueran ganado.

Francisco Arias Fernández

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