PÁGINAS DE LA HISTORIA DE LOS POBRES (III). Origenes de las Behetrias

Las Behetrías (2). Orígenes

Recordamos lo que son los Hombres de Benefactoría:”…hombres libres, propietarios, sujetos, sí, por una dependencia personal, pero elegida libremente. No tienen que ser necesariamente campesinos; concepto muy dinámico: campesinos, milites, o caballeros villanos, monjes… Aún no se había producido un cierre “hacia abajo” de la nobleza.
En el siglo VIII nacen las benefactorías y behetrías en el reino astur leonés. Para Sánchez Albornoz:
“Las cordilleras son atravesadas hacia la meseta por hombres libres pobres astures, gallegos, cántabros y vascones; no por señores con sus siervos y juniores de las encomendaciones. Se quiebran las diferencias sociales.”
Estepa nos dice que: hay zonas como la Asturias de Santillana que “conservó” largo tiempo, hasta 1404, la benefactoría originaria bajo el nombre de behetría; que esta institución-estructura dura legalmente desde el siglo VIII hasta finales del siglo XVIII;
Y tampoco les cabe la menor duda a casi todos los historiadores antiguos, clásicos y actuales que han profundizado en estas instituciones que en las Benefactorías y las Behetrías Castellanas hay una seria, sostenida y revolucionaria historia de libertad de las capas oprimidas del pueblo. Libertad económica como presupuesto de libertad política. El Concejo Castellano, órgano de autogobierno de las Comunidades de Aldea, nace porque la mayoría de sus habitantes son pequeños propietarios.
Histórica y socialmente las estructuras e instituciones son las obras humanas que más influyen en los pueblos, para bien y para mal; por lo general, las que más duran; las que hacen la verdadera tradición popular; las que establecen el equilibrio o desequilibrio entre los distintos ámbitos de la vida de los pueblos.
Las Benefactorías, nietas de las presuras (ocupaciones de tierras) libres de la repoblación, e hijas de las primeras pequeñas Comunidades de Aldea, y las Behetrías, renovadas o nuevas, hasta los Señoríos de Behetría, ya muy desgastada la estructura, acaban de hecho tras la insurrección antiseñorial en las Comunidades de Castilla. La Carta de Ávila, precursora de las modernas Monarquías Constitucionales, es el último grito de libertad institucional desgarrado del pueblo campesino castellano oprimido; 1521. Unos años antes, los mismos Reyes Católicos reconocen y acatan las antiguas libertades castellanas, trasmitidas por mera tradición:
He aquí el principio de una carta sobre los pecheros (contribuyentes libres), dada en Granada a 12 de Mayo de 1501:

” EL REY E LA REINA. Concejos e homes buenos pecheros de las villas e lugares que son en la provincia de Alava: an nos hecho relación que en esas provincias y universalmente del Ebro allende todas las montañas, de tiempo inmemorial se ha usado, sin contradicción alguna, que los hijos de caballeros e homes fijosdalgo sean libres e exentos de las contribuciones de los hombres pecheros, aunque sean bastardos e non legítimos; e que esta ha sido la costumbre desde que la tierra fue poblada,” etc.
¿ Y hoy? ¿Sabremos aprender las lecciones de la historia?
La necesidad y su hermana gemela, la solidaridad, han sido siempre la gran palanca histórica de la lucha de los pobres y la creación de nuevas respuestas a nuevas agresiones. Ante un pueblo organizado, los grandes nada tienen que hacer.
Los partidos políticos, tal como los engendraron las Revoluciones Sociales modernas, ya no son respuesta ante el mundo global que padecemos. Los Gobiernos, las naciones, son rehenes de los grandes Mercados Transnacionales: empresas y banca. Se necesitan nuevas formaciones políticas, nuevos militantes corredores de fondo que asienten las bases, que siembren las semillas para unas nuevas democracias directas. Hambre, paro, esclavitud infantil, las grandes lacras de este sistema, o se solucionan, o nos arrastrarán al abismo a todos.