Hablan los militantes — 07 diciembre 2016 — IMPRIMIR
Normalizando la prostitución

VillaviciosaEn España estamos en plena campaña de “normalización” de la prostitución: se acaba de estrenar la película “Villaviciosa de al lado”. Por otro lado cada vez se da más voz a las organizaciones que defienden la prostitución como un trabajo (algunas de ellas incluso dan cursos de “profesionalización”).

Nada de esto es extraño teniendo en cuenta que ya hace más de dos décadas España tenía un lugar preciso en el tablero económico mundial: ser el prostíbulo de Europa. En los últimos años además se ha consolidado como lugar de destino y tránsito de víctimas de trata para la esclavitud sexual provenientes tanto de África como de Iberoamérica.

Crece alarmantemente el número de víctimas masculinas y también el número de víctimas españolas. Para entender mejor todo esto os proponemos la lectura de un artículo, que entre otras cosas, da voz a las víctimas.

Mónica Prieto


 

Cómo se convirtió la prostitución en la profesión más moderna del mundo
(extracto)

Cuando se conoció la noticia de que la vicepresidenta de una de las “organizaciones de trabajadoras-es del sexo” consultada por Amnistía Internacional en política sobre prostitución había sido condenada por tráfico de seres humanos y proxenetismo, muchas abolicionistas se sintieron horrorizadas, pero no sorprendidas, ya que “los derechos de las trabajadoras del sexo” cada día se utilizan más como eufemismo de los derechos de los proxenetas, los propietarios de burdeles y de los hombres que pagan por sexo.

A los movimientos feministas se les vendió la prostitución como el derecho de la mujer a su propio cuerpo; a los neoliberales, como un símbolo del libre mercado; a la izquierda, como “trabajo sexual” que necesita sindicatos y derechos laborales; a los conservadores, como un acuerdo privado convenido entre dos personas al margen de toda intervención social; al movimiento LGTB, como sexualidad que exige su derecho a expresarse.

Hace cien años, la lucha contra la prostitución era un asunto crucial tanto para el movimiento obrero como para el movimiento de las mujeres. Recordemos aquellos carteles del sindicato británico de estibadores que se hicieron tan populares y en los que se leía “No pararemos hasta barrer toda la miseria, la prostitución y el capitalismo” y “An injury to one is an injury to all”, que las feministas convirtieron en la consigna “Nos tocan a una, nos tocan a todas”. Los estibadores tenían claro que la prostitución condenaba a sus hermanas de la clase obrera a ser utilizadas por los hombres de clase alta y no estaban dispuestos a permitirlo. Por lo que se refiere al movimiento de las mujeres, lucharon contra la prostitución antes incluso de exigir el derecho al voto: acabar con la trata de esclavos y esclavas era lo más urgente y prioritario.

La prostitución no ha cambiado. Sigue siendo la misma industria, los mismos hombres con dinero comprando mujeres pobres, la misma explotación, la misma violencia y la misma trata (aquello que en el pasado se llamaba “trata de blancas”). Lo que cambió fue la etiqueta. Como dice Sonia Sánchez, una mujer argentina superviviente de la prostitución: “Existe un feminismo que es muy útil para los proxenetas, un movimiento sin movimiento, liderado casi exclusivamente por universitarias, muy lejos del feminismo popular.”

Esto es lo que dice Huschke Mau de ese fenómeno que nos encontramos a nivel internacional:

«Cuando habláis de BesD (Berufsverband erotische und sexuelle Dienstleistungen, organización alemana de trabajadoras sexuales), os referís a ella como “una organización de trabajadoras sexuales organizadas”, pero ¿os dais cuenta que sólo representa al 0,01% de las prostitutas alemanas? ¿Qué tipo de organización de prostitutas es ésa que incluye también a los propietarios de los burdeles? ¿Explotadores que crean un ‘sindicato’ para representar a las trabajadoras?

Que un patrón no tenga los mismos intereses que los trabajadores y las trabajadoras es algo obvio para la izquierda, excepto cuando se trata de prostitución. Y así fue que el International Union of Sex Workers (IUSW) fue rápidamente invitado a incluirse como sección dentro del gran sindicato británico GMB y ahí sigue.

 

El artículo entero se puede encontrar en castellano e inglés

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