Noticias — 04 febrero 2018 — IMPRIMIR
Nacionalismo o solidaridad

Nacionalismo-solidaridadLas elecciones recientemente celebradas en Cataluña no van a resolver un problema que lleva décadas gestándose. Cuando importantes sectores de una sociedad se dejan arrastrar por discursos fantasiosos desconectados de la realidad del mundo que nos ha tocado vivir, la separación está servida.
Tras dos guerras mundiales, Europa aprendió que los nacionalismos habían sido el origen de todas sus catástrofes. También fue el nacionalismo el que mató el Movimiento Obrero. Hoy el nacionalismo sigue dividiendo a los pueblos, a las familias y a las comunidades que es capaz de infectar. El discurso del fugado Puigdemont en Bruselas espanta, no solo por el montón de mentiras que es capaz de escupir, sino por patrocinar la vuelta a la locura del enfrentamiento.
Aprendamos de las lecciones de lo vivido estos últimos años. El “método Forcadell” de convertir un Parlamento en una apisonadora sectaria, la vocación de showman del expresident, los negocios de la “familia real” Pujol, la corrupción masiva en las instituciones catalanas, etc., exigen un cambio de rumbo radical que, por desgracia, pocos quieren en Cataluña.

La convivencia solo se construye desde la solidaridad. Seamos modernos y bajemos a la realidad. En la sociedad globalizada, Cataluña no será capaz de autogobernarse si no es en unión con otros. Por desgracia, no hemos oído a ninguno de los candidatos que se presentaban a estas elecciones hablar con realismo del paro, el drama de los inmigrantes y del futuro que espera a los jóvenes de Cataluña. Aquellos que proclaman a los cuatro vientos que Cataluña es víctima de la agresión española desprecian a las verdaderas víctimas de este sistema.

Efectivamente, el nacionalismo es una ideología reaccionaria que corroe la convivencia y, por eso, no podemos ser neutrales ante la insolidaridad. Las tibiezas de los oportunistas no garantizan la paz. Tampoco los nacionalismos se combaten con otros nacionalismos.

La independencia no resuelve ningún problema. Levantar nuevas fronteras y muros es un mal objetivo que no tiene amparo en ningún derecho y no puede depender de los chantajes de minorías privilegiadas. La ceguera de Cataluña y de tanto nacionalista español radica en no ser capaces de unirnos en un proyecto solidario capaz de combatir la lógica imperialista transnacional que gobierna el mundo.

Solo la solidaridad es el camino para la emancipación de los pueblos que, como nos han enseñado los pobres, es una tarea común y no de unos contra otros.

 

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