Noticias — 28 octubre 2017 — IMPRIMIR
Lo dice un informe de PwC y UBS: la independencia es un hecho

El estudio presentado por el banco suizo y la consultora internacional demuestra que la concentración de la riqueza es igual a la de 1905: las élites se han ido a otra nación

Perdón por interrumpir. Sé que estáis todos muy preocupados por las crecientes tensiones derivadas de la imposible secesión de la República de Cataluña y que queréis seguir con el espectáculo. Sé que todo esto de la unidad de España y de la patria catalana os resulta un asunto prioritario y concentra vuestra energía. Sé, además, que creéis que estamos ante un momento decisivo. Disculpad. Pero vengo a hablaros de otra nación, de una que se ha ido muy lejos, que es independiente del todo y que apenas mencionáis, a pesar de que es decisiva en nuestras vidas.

El informe que el banco suizo UBS y la consultora PwC han publicado esta semana acerca de los multimillonarios mundiales viene a confirmar que ese mundo aparte no solo existe, sino que está cada vez más lejos de los ciudadanos, de los Estados y de las instituciones.

Retrocedemos un siglo

Tras analizar datos de 1.542 multimillonarios, el informe arroja resultados contundentes: estamos ante la mayor concentración de riqueza que se ha vivido desde comienzos del siglo XX, cuando unos pocos individuos controlaban grandes sectores económicos, financieros y productivos. Todo lo avanzado tras la Segunda Guerra Mundial se ha desvanecido en pocas décadas.

Josef Stadler, autor principal del informe y directivo de UBS, aseguró a ‘The Guardian’ que “estamos ante un punto de inflexión. La riqueza está tan concentrada como en 1905 y esto es algo que preocupa a los multimillonarios. El problema es que al generarse intereses sobre intereses, la cantidad de capital sigue creciendo y hace que los ricosposean más y más riqueza. La pregunta es hasta qué punto es sostenible y en qué momento la sociedad intervendrá y contraatacará”.

Por todas partes

El texto describe de una manera ajustada algunas de las características de estas élites secesionadas. Los familias multimillonarias son cada vez más ricas y globales. Sus hijos acuden a escuelas de cualquier parte del mundo, cuentan con diferentes pasaportes y se casan con personas de otras nacionalidades. Sus activos están repartidos por todas partes y los impuestos que les gravan dependen de sus residencias y de los regímenes fiscales a los que puedan acogerse, ya que sus posibilidades son mucho mayores que los de la gente común. Cuentan con organizaciones familiares que les permiten planificar la sucesión. Y dedican una parte de su riqueza a la adquisición de arte, como ocurría en el pasado, pero han añadido nuevas aficiones: el deporte es una de las áreas en las que están más activos últimamente; la adquisición de clubes deportivos de todo el mundo es una de sus recientes aficiones.

Los multimillonarios están separándose también de sus lugares de nacimiento, ya que recurren cada vez más a redes de pares en las que encuentran un terreno común para iniciar negocios y abordar problemas. Existen redes educativas, financieras y de ocio que les conectan, y lo que les une no es la pertenencia a un mismo entorno territorial, sino un conjunto de prácticas, hábitos, aficiones y intereses. El mundo es global, y ellos también, de modo que su red de relaciones es espacialmente muy amplia. Algo que les es útil para los negocios porque, como asegura el informe, “la población emprendedora con un patrimonio muy elevado tiene una mayor oportunidad de utilizar las redes personales, ya sea a través de los grandes bancos o de las ‘family offices’.

Las redes formales e informales articulan negocios e inversiones, pero también acciones en el terreno de la filantropía, o del arte. Y a menudo, las instituciones financieras y las firmas de consultoría les prestan las redes con que cuentan para que se pongan en contacto”. Este tipo de relaciones terminan forjando conexiones más estrechas, también en lo personal, que posibilitan la colocación de capitales en todo tipo de iniciativas a lo largo de los territorios y de los sectores más dispares, así como el establecimiento de nuevas alianzas.

Esta clase global tiene buenas perspectivas de crecimiento, y se confía en que 2017 y 2018 les traigan resultados favorables. “El entorno económico está permitiendo a las empresas disfrutar de ingresos crecientes y aunque las ganancias pueden disminuir ligeramente en EEUU, se espera que el mercado interno europeo y asiático lo compensen”. Del mismo modo, los mercados de acciones, deuda y materias primas generarán riqueza para ellos. Existen riesgos políticos pero, asegura el informe, “estos empresarios continuarán beneficiándose de megatendencias como la aceleración tecnológica, la financiarización de la economía y la urbanización asiática”.

La patria es el mundo

Esta clase multimillonaria global no está atada a ningún territorio; ni ellos, ni sus intereses, ni sus riquezas. Su patria es el mundo, es decir, esos entornos de acceso restringido en las grandes ciudades en los que viven, los clubes privados y los países en los que guardan el dinero. No necesitan salir de ese circuito, ni recorrer las calles de las ciudades en que residen, ni preocuparse por las acciones de un determinado gobierno, porque si las decisiones les perjudican siempre pueden ir a cualquier otro lugar.

La anécdota descrita por la periodista Linette López en SALT, la gran conferencia de los inversores estadounidenses, refleja ese mundo a la perfección. Preguntó a uno de estos multimillonarios por la incertidumbre en EEUU. La respuesta fue franca y directa: no le preocupaba, porque él tenía su dinero en las Islas Caimán o en Las Bahamas, y vivía un poco en todas partes. Pero, advirtió, para los simplemente ricos era otra cosa: “Ellos tienen que pagar la universidad de la Ivy League de sus hijos, la hipoteca de su casa de los Hamptonsy los bienes de lujo que han adquirido. A ellos, la inestabilidad sí les puede perjudicar”. Y, añade López, “acto seguido, subió a su avión privado y desapareció”.

Problemas globales

Esta clase mundial es independiente. No está atada a nada, ni puede ser sometida por ningún art. 155. Son ellos quienes lo imponen, porque el poder está en sus manos, y la cantidad de dinero que detentan puede variar el signo de la economía de cualquier país. Tampoco tienen vínculos con ningún territorio, como ocurría con los ricos del pasado, que debían vivir en los países de los que extraían su fortuna, de modo que los problemas que les preocupan en sus ratos libres son los globales: el cambio climático, los derechos civiles de las minorías y que los campos de golf estén bien regados.

Ha existido una secesión de las élites que les permite vivir en un mundo de fantasía, alejado por completo de la realidad, pero cuyas consecuencias sí resultan muy palpables para el conjunto de la sociedad. Esto es un hecho, y de aquí surgen buena parte de los problemas de Occidente: un sistema pensado para que ese mundo etéreo siga fluyendo mientras la desigualdad aumenta y la sociedad se deteriora. Christopher Lasch habló en los años 90 de la rebelión de las élites; hoy han ido mucho más allá y han construido una nación aparte.

Desde ese Estado inconcreto nos dicen que en Europa, como afirma el informe, será difícil ganar dinero porque tenemos una cultura muy conservadora y regulaciones muy estrictas, y que se nos ocurre, por ejemplo, tildar a Google de monopolio. Y cuando se trata de ser más precisos, nos dicen que tenemos un gran problema, que la clase media y la trabajadora viven muy bien: que debemos vivir bastante peor porque ellos no ganan lo suficiente. En definitiva, lo que nos cuentan es que las bases a partir de las cuales se forjaban las sociedades occidentales ya no les valen, que necesitan nuevos líderes que nos conduzcan hacia la pobreza. En fin, esa es la nación que se ha secesionado.

De modo que disculpadme por entreteneros con estas cosas. Pero mientras seguimos con el simulacro catalán, y nos indignamos, y nos quejamos de la clase política que tenemos, y tal, este mundo aparte sigue avanzando. Perdón, pero no lo entiendo. No puedo comprender cómo la izquierda ha renunciado a enfrentarse a esta situación y tampoco cómo la derecha ha dejado de defender a su país. No os molesto más, podéis seguir con lo vuestro.

Autor: Esteban Hernández

Fuente: El Confidencial

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