El Tarajal, donde la vida cuesta 20 euros

TarajalLlegan al paso del Tarajal II por la parte marroquí con un pedido definido. Los porteadores no pasan a hacer compras para revender en su país. Todo forma parte de una estrategia de exportación e importación de productos de comerciantes de Marruecos y España que cuesta vidas. Se trata sobre todo de textiles: mantas, sábanas, telas y ropa. «Son los camiones que no pueden pasar la frontera», explica la Guardia Civil. Cada día (de lunes a jueves) unas 2.000 personas cargan bultos de unos 50 kilos para cruzarlos por el túnel. Lunes y miércoles les toca a las mujeres. Martes y jueves a los hombres. «Las mujeres son peores. Los días que le toca hay más problemas y los que no les toca intentan pasar por la frontera peatonal, donde surgen conflictos», reconoce un agente de la Unidad de Intervención Rápida (U.I.R.) de la Policía Local de Ceuta que vigila el polígono.

Es jueves. Les toca a los hombres. Se puede ver cargando en la cola a personas ciegas, en silla de ruedas o mutiladas. No hay riegos de avalancha y el tránsito es fluido. Se espera que por el Tarajal II pasen unas 2.000 personas, según la empresa de seguridad que los comerciantes del polígono han contratado cobrando dos euros diarios a cada porteador. No es un día para las mujeres. Sin embargo, están cargando y se dirigen al paso peatonal, donde una pareja de la Guardia Civil les dice que sólo puede pasar comida. Las porteadoras se agolpan sin renunciar a sus cargas, por las que -según la Guardia Civil- obtendrán un beneficio de 10 a 20 euros. En el polígono, las mujeres, mientras preparan sus bultos, elevan el margen a entre 20 y 40 euros. Es el dinero por el que Ilham y Souad perdieron la vida el pasado lunes aplastadas por la multitud. «Nos ha llegado que la mujer ingresada también podría haber muerto, por lo que serían tres», apunta la Guardia Civil. Es la historia trágica del Tarajal, donde el año pasado murieron otras cuatro porteadoras en las mismas circunstancias.

Eso no detiene el tránsito. Entre las naves, un grupo de mujeres se adhiere la mercancía al cuerpo a modo de faja y prepara los bultos. Se ayudan entre ellas. A otras son los empleados de las naves los que les echan una mano.

Malika tiene unos 50 años y no quiere que la graben. El grupo de mujeres en el que se encuentra preparando la carga se tapa la cara. «La culpa de las avalanchas en Marruecos es de los soldados, que son corruptos», asegura ante el consentimiento de sus compañeras. «Si ven a una niña guapa que les da un dinero, la dejan pasar antes», sostiene Erhimo, de unos 30 años (el traductor duda de la veracidad de los nombres).

«Te sellan el pasaporte»

Las mujeres relatan cómo los domingos esperan desde las 18.00 horas para pasar el lunes a las 7.00 horas, cuando Marruecos abre el túnel, que se habilitó en febrero de 2017 para aligerar la presión de mercancías sobre la frontera. Cuentan cómo el Ejército marroquí las pasa en grupos de unas 100 y, en muchas ocasiones, no consiguen entrar en Ceuta. Erhimo dice que se quedan allí hasta el siguiente porte, el miércoles. Son dos días de espera o tratar de pasar por la zona peatonal. «Si te pillan por el otro lado, te quitan la mercancía o te sellan el pasaporte y ya no puedes pasar en un tiempo», señala Malika. Para evitar esto, intenta entrar en avalancha y entonces es cuando se producen las muertes. La Policía marroquí reparte unos boletos a cada porteador, sin el cual no pueden volver a acceder con la carga. «Por el pase no se les cobra nada, pero es cosa de ellos venderlo», explica uno de los guardias de seguridad privados del túnel de mercancías. Las mujeres reconocen que hay quien vende el ticket para sacar un dinero y eso también genera conflictos.

Dos o tres traspasos al día

Una vez que se abre el paso, suelen cruzar sobre las 8.00 horas, solo tardan media hora en volver con el pedido. Al otro lado, el dueño del bulto espera, recoge la mercancía, les da su comisión y les encarga otro pedido. Aunque Erhimo asegura que «en una semana es complicado hacer un porte», la Guardia Civil le desmiente: suelen hacer dos y hasta tres traspasos al día. Cuando llegan de vuelta por el Tarajal II lo hacen por el paso peatonal, vuelven a cargar e intentan pasar de nuevo. Ahí surgen las fricciones. El paso para las mercancías cierra oficialmente a las 13.00 horas, aunque si hay problemas se clausura antes. El pasado martes se tuvo que cerrar de forma prematura por un intento de salto de 300 subsaharianos. «Entraron unos 30 de ellos», recuerda la Guardia Civil.

Los días que no pueden pasar por el Tarajal II o cuando van con un segundo viaje, las porteadoras intentan provocar una avalancha para entrar. Presionan a los agentes y cientos de ellas se agolpan junto a la verja, cargadas, esperando su oportunidad. Marruecos solo permite pasar comida por un túnel de rejas, que mide unos 200 metros y tiene el ancho de una sola porteadora. «Si llevan textiles, cuando llegan a Marruecos la policía se los puede quitar. Cuando le retiran la carga a un par de mujeres, se intentan dar la vuelta y se pueden aplastar entre ellas en la huida», explica la Guardia Civil que custodia la frontera. La única forma es pasar «como una manada».

Desbordar la frontera

Aprovechan la salida de los colegios. Muchas familias españolas, que viven en Marruecos, tienen a los niños en centros de Ceuta. La Policía de Marruecos relaja entonces el control y las porteadoras presionan a la Guardia Civil, que no puede detener el tránsito de una mercancía que está comprada legalmente en España. El jueves se produjo un conato de avalancha al mediodía. La Guardia Civil se empleó a fondo y llegó a cerrar el paso peatonal hacia Marruecos unos minutos para evitar el colapso del túnel. Los porteadores, que volvían con una segunda carga, aparcaron sus bultos para ayudar a los agentes a controlar el paso. Por las tardes, es el turno de los «coches patera», que llenos de mercancía aprovechan la última hora de apertura de la frontera para colapsar el paso de vehículos e introducir productos españoles en Marruecos. Desbordar la frontera es la estrategia para pasar todos, aunque eso siga elevando el conteo de cadáveres.

J.J. Madueño
Fuente: ABC

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