Noticias — 08 marzo 2017 — IMPRIMIR
El capitalismo no tiene género

MujerTrabajadoraHoy raramente se hablará de estas mujeres…. y de sus familias. El feminismo para ricas se ha convertido en el mejor aliado para seguir explotando con total tranquilidad de conciencia a las mujeres pobres. La mayoría de estas historias tienen a maridos, compañeros o hijos al fondo, casi siempre víctimas también como ellas… en último término víctimas de la violencia unos y otras. De una violencia estructural que se nos cuela poco a poco, cada día.

Vasanti. Mientras en España tachamos de “nuevo” el tema de los vientres de alquiler en India o en Nigeria existen ya “fábricas” de bebés. Ningún problema mientras los vientres sean los de las mujeres pobres. “Todo el mundo” (rico) entiende que con ese dinero las mujeres puedan sobrevivir. Aunque sea pan para hoy y hambre para mañana. No miramos de frente el sufrimiento de esas mujeres. Vasanti llora cuando recuerda el momento en el que vio a su “hijo”. Recibió 8.000 $ de un matrimonio japonés. Con ese dinero pagará una nueva casa y los estudios de sus dos hijos… su marido asiente, pero “no quiero que mi hija sea madre sustituta”.

Marta Elisa. Ha sufrido el proceso inverso: para salir de la prostitución tuvo que asumir pasar hambre. En una sociedad donde aparentemente la “libertad sexual” habría hecho desaparecer la prostitución, ésta no ha hecho más que aumentar. Cada vez más jóvenes, como la niña que se prostituía en Almería. No es un caso aislado. ¿Por qué aumenta la prostitución y por qué aumenta la prostitución con niños y niñas? Marta Elisa de León, superviviente de la prostitución lo explica así: La prostitución es un síntoma del sistema en que vivimos “que necesita de hombres y mujeres tan perdidos y atontados como para derrochar su vitalidad buscando sexo pleno de manera errónea e infructuosa”. Un sistema alimentado por la industria de la pornografía, un espectáculo de sexo artificial y engañoso que Marta ve “en muchos más sitios que en los DVD o la red” y que “vende sexo irreal”. “Que sientas que si no eres una ‘barbie’ no puedes ser una mujer sexual es patológico. Y los hombres no se escapan, porque son los primeros consumidores de esos mensajes”. El sistema prostituyente es muy amplio y afecta a hombres y mujeres. La prostitución lejos de satisfacer los deseos sexuales de muchos hombres, aumenta su adicción. “No encuentran lo que buscan”, dice Marta. El 90% de las prostitutas en España son mujeres extranjeras, aunque en los últimos años, debido al paro, está aumentando entre las españolas. Un sistema prostituyente alimentado por mujeres pobres… una vez más.

Manoli. Son las 14 horas de un día cualquiera de Manoli. Ya ha terminado la jornada de la mañana, pero por la tarde tiene que volver a las 18 horas para, durante otra hora más, volver a hacer tareas similares a las que ha realizado por la mañana. Un día entero para echar cinco horas, para ganar 540 euros al mes, 4,90 euros por hora, y para ser usuaria de Servicios Sociales incluso con un trabajo. Con los 540 euros que gana, no tiene ni para pagar el alquiler de un piso. Y a su edad, ha tenido que volver a vivir con su madre después de huir de las garras de la violencia familiar. Para colmo, fue sancionada un mes sin empleo y sueldo por denunciar en Servicios Sociales del Ayuntamiento de Córdoba que un usuario se masturbaba delante de ella, según una representante sindical de Cádiz. La amonestaron porque el contrato que rige la ayuda a domicilio entre el Ayuntamiento cordobés y Clece, la empresa de Florentino Pérez, existe una cláusula que prohíbe a las trabajadoras tener ningún tipo de contacto con la institución municipal, quien recibe de la Junta de Andalucía 13 euros por cada hora de ayuda a domicilio, de los cuales menos de cinco van para Manoli y ocho para Florentino Pérez. Un negocio redondo. O lo que es lo mismo, en el caso de la gestión privatizada, el 60% del dinero público que la Junta de Andalucía dedicado a dependencia va a parar a empresas como las del multimillonario Florentino Pérez, mientras que las mujeres que prestan el servicio padecen ansiedad, estrés y unas condiciones laborales de semiesclavitud.

Juana y Dolores. Escucho el relato de jóvenes varones inmigrantes cuyas madres vinieron a trabajar, muchas veces a cuidar hijos de otras mujeres cuando ellos eran muy pequeños. Cuando logran reunirse son completamente desconocidos. A menudo surgen las disputas, se acentúa el desarraigo y el desgarro de esos jóvenes que están forjando su identidad como personas. La situación de estas familias afecta además sobre todo a los hijos varones.

Tampoco podemos dejar de nombrar y recordar que en España han aumentado alarmantemente las muertes de mujeres a manos de sus parejas. El Ministerio de Interior detecta que la mayoría de esos asesinatos se produce tras una ruptura rápida. Una médico psiquiatra ha escrito estos días que había que prever esas muertes de otras maneras que no se están nombrando: “habría que hacer una movilización urgente destinada a que cualquier hombre en proceso de ruptura de pareja tenga apoyo inmediato, del bueno, del que consuela y sostiene, por parte de amigos, familia, psicoterapeutas, del que sea…”

Incluso la Ley de la Dependencia ha recaído sobre las mujeres, sobre las más pobres, que son quienes la prestan. Mujeres víctimas de violencia de género, madres que cuidan a sus hijos en soledad, mujeres que ingresan en casa el único sueldo después del despido de su pareja, mujeres sin formación y por tanto sin posibilidad de obtener un mejor empleo. Mujeres que se convierten en carne de cañón para la explotación de la que se nutren muchos trabajos de cuidados. Una ley aprobada hace 10 años por José Luis Rodríguez Zapatero y que estos días el PSOE de Susana Díaz quiere vender como un triunfo de sus políticas a favor de las mujeres, que han sido y son las grandes cuidadoras de las personas dependientes en España

Existe la creencia de que el feminismo lucha por todas las mujeres, que nada nos diferencia de Manoli, Marta, Vasanti, Juana, Dolores…

El abismo que nos separa de las mujeres empobrecidas solo se puede acortar si luchamos por la promoción personal y colectiva poniendo en primer lugar a las mujeres empobrecidas y si no nos equivocamos de enemigo: El enemigo es un sistema imperialista ultraviolento, sin “género”… del que también son víctimas, aunque de otra manera, los hombres.

María del Val

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